miércoles 19 de agosto de 2009

¿Hábitat?

Recuerdo el bosque encantado. Allí, bajo el puentecillo de piedra nos refugiamos de la tormenta que ese día nos daba la bienvenida a esa tierra de musgos y líquenes. Era el reino de las pequeñas cosas. De la misma forma que un grafitero inglés llamado Banksy, street-art, se refugia en sus plantillas y botes de spray para dar vida a pequeños rincones de calles y barrios. ¿Se imaginan a Linneo -príncipe de los botánicos- y a Bansky compartiendo su tiempo mientras pasean por un puerto utópico? Tal vez lo interesante esté en trasladarlos a una húmeda y olorienta calle de Venezia. Ese sería su ambiente. Su hábitat natural, tal vez. El término medio, virtuoso. En las calles acuosas de Venezia no se escuchan los cantos de sirenas que en otros tiempos enamoraban a marineros chiflados que fumaban pitillos sin boquilla, más bien solo puedes observar como la especie humana ha evolucionado e involucionado al mismo tiempo. Unos viven allí porque no tienen más remedio, otros visitan ese lugar atribuidos por una pertenencia a un rango social inventado por la propia sociedad a lo largo de los siglos; y, por último, se dice que es imposible vivir en ese sitio si no estás adaptado a él. Se cumplen reglas físicas y naturales que a todos nos resultan obvias. Si bien, son las relaciones sociales las que entorpecen o nos ayudan en nuestro día a día.

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